viernes, 30 de enero de 2009

¿Qué hizo que volviera en sí?



Cuando todo parece haber terminado, los últimos suspiros, la última sensación de vida, el último parpadeo de ojos, los enésimos llantos del más cercano que por fin descansa en paz tras una larga espera de meses de gran incertidumbre, llega el momento de decir adiós. Un adiós definitivo, cogido de la mano de aquél que te acompañó en los buenos y en los malos momentos, un adiós que acaba recordando el pasado como en un proyector de diapositivas, hasta ver una luz que te atrae que te ofrece acercarte a ella, y tú vas tranquilamente, pausado, exhalando el aire puro de todo aquello divino y perfecto, disfrutando de ese momento único. Sube, y sube, sin parar, ni mirar atrás...


Pero cuando ves el cuerpo de aquel que fuiste, dejarlo allá atrás, en la lejanía, sientes un cosquilleo en el tórax, parece como si necesitaras girar la cabeza y ver el cuerpo... y otro cosquilleo, y te niegas pero no puedes. Giras la cabeza y allí te ves, acostado en una cama, con los ojos cerrados, agarrado de la mano de tu mujer. No puedes evitarlo, oyes tu nombre de fondo, como si nada fuera contigo, pero sientes la vibración en tus tímpanos, hasta que, definitivamente, tus párpados se elevan como el amanecer sobre la oscuridad, lentamente pero sin pausa. Te cuesta entrar en razón, todo es borroso, vuelven a decir tu nombre reiteradamente. No hay vuelta atrás, has vuelto a la vida, todavía queda algo pendiente por hacer, algo que ni tu ni nadie sabe, pero debes descubrir, porque se te ha otorgado una oportunidad, para hacer las cosas bien, zanjar esos asuntos que quedaron pendientes, porque sabes qué sucede después, has roto la barrera de lo desconocido y estuviste aquí para contarlo.

Días después acabaste zanjando esas disputas que tenías con el mundo, cumpliendo así, el deseo que alguien te encomendó. ¿Qué o quién es ese algo? Una pregunta tan difícil que supone uno de los misterios más antiguos del ser humano. A veces más vale no preguntarse el porqué de las cosas y disfrutar del regalo que se te ha ofrecido, sin más.

Por desgracia ese regalo fue como una rosa, que duró unos días y se marchitó. Carecías de fuerzas para seguir entre los vivos y, finalmente agonizaste, tras una tregua en la cual pudiste transmitir algo más de aquello desconocido.

Por vosotros dos, estéis donde estéis, porque sigo acordándome de vosotros, aunque no llegara a conoceros tanto como nos habría gustado, tanto a mí como a vosotros. Porque sólo me disfrutasteis en la infancia, un bonito regalo pero no suficiente, para todo lo que acontece una vida. Gracias.


Continuará...

Sin pensar en qué escribir, dejándome llevar por la inercia de aquello que tengo tan adentro, hoy me ha salido este recuerdo, enterrado en los confines y que ha sido rescatado.


Atte: Carlos


~Todo por hoy~

1 comentario:

Anónimo dijo...

anne

Eres un ser maravilloso, escribes como una gloria, siempre leo tu blog y me emocionas me gustaria conocerte, aunque lo intento y nunca lo consigo, no me gustaria irme sin conocer tus inquietudes, un beso mi amor tu ya sabes quien soy. TE QUIERO.