lunes, 16 de febrero de 2009

Tardes de invierno tardío I



Cambiando de rumbo y metiéndome en el relato... aunque sirva de precedente para usar metáforas sobre lo que me preocupa o simplemente recuerdo.



¿Nunca has tenido la sensación de ver a una persona antes nunca vista que te evoca una cierta atracción?

Las cuatro de la tarde, acabando de comer y preparando los apuntes, cada vez que avanza el curso más pesados. La chaqueta, que ya tiene sus años, gris, despuntada en alguna zona, pero se ha ganado mi cariño a pulso, me la pongo para combatir el frío invernal. Salgo de casa y giro la esquina rumbo de mi futuro. Voy andando, ensimismado en mis cavilaciones sobre todo y nada a la vez. Observando las palomas cómo recogen las migas que les echa un anciano, al lado de su nieta. Ambos mirándose, el uno al otro, con una dulce expresión de amor y complicidad. A esas horas, la plaza está desierta. La gente ha terminado de comer y está descansando o tomando el aire en alguna terraza, o...por qué no, trabajando. Como único transeúnte, me miran y se nos escapa una sonrisa, pero el tiempo corre y llego tarde, con lo que aparto esa imagen de mi vista para tropezarme con algo aún más hipnotizante.

Al rodear la fuente, acabada de limpiar y blanca como la cal, de la que brollan ocho caños de agua, uno por cada ángel que te guarda (como solía informarme mi abuela cuando era pequeño), viene hacia mí una persona a la que juraría jamás haber visto. Aunque tengo que reconocer que mi memoria no es digna de elogios, y con ello podría haberla visto antes. Esa mujer desprendía un elemento inerte, invisible, que atravesaba todos mis sentidos. No destacaba por su belleza, ni por su aroma, simplemente era una sensación diferente a cualquier otra. Una sensación de haberla visto antes, en un lugar completamente distinto, en un lugar donde los dos éramos uno.

Pero no me refiero en el sentido estricto de "haberla visto antes" sino, muy antes. Iría más lejos si dijese antes de haber nacido. Mirarla me ha hecho imaginar lugares únicos, envidiables a los ojos de cualquiera, aislados de todo. Con mucha vegetación baja, animales por doquier. En definitiva, un lugar donde todo era vida, no existía el tiempo. Y allí, detrás de un árbol, la divisaba escondida, esperando a que la encontrase, con una bella sonrisa, una ternura en sus ojos, la misma expresión que he podido apreciar en el instante en que la he visto.

Esto supone una mera fantasía provocada por una mala indigestión de la comida, o ¿realmente lo que vino a mi mente fue algo más? Algo escondido en el subconsciente, guardado en lo más profundo y que dió luz al verla. Algo enterrado desde años atrás de haberme concebido. Y es que, me da por pensar que fue una casualidad o una confusión, pero resulta que a mucha gente ya le ha pasado el fenómeno "déjà vu", lo cual me intriga, porque si realmente es así, la chica a la que he visto, ¿fue mi amante en otra vida? ¿Qué puedo pensar sino? ¿Qué pensarías tú? Los científicos hablan de trastornos de la memoria, ¿pero qué hay de las vidas pasadas? Parece tan esotérico que los científicos le hacen ascos. Aunque es otra vía alternativa para pensar que la vida no sólo se basa en nacer, vivir y morir...y ¿reencarnarse? Qué difícil presuposición.

En fin, miro el reloj y veo que pasan veinte minutos de haber empezado la clase...


Entonces, decido dejar la clase para otro día. Vuelvo la cabeza y me voy en su busca. No la perderé otra vez, no será difícil seguir su rastro, porque, como he dicho, desprende algo que me atrae...
...y qué será de nuestro porvenir...
es tan incierto que, a veces, me desespera...

~Todo por hoy~

Atte: Carlos





1 comentario:

Ernestinho dijo...

Ey crack gracias por pasarte y tragarte las 3 horas de video, que me alegro que te hayan servido de algo xD

Te pongo yo tambien en mi blog!

A ver cuando hacemos la maldita cena, que se resiste jajaja!

Un abrazo!