...y ver el atardecer sobre el muro vertical del Garonne y respirar el aliento de los árboles a tu lado, con un jadeo continuo, buscando aire recién bajado de los Pirineos, y escuchar el piar de cada pajarito que nos ve pasar, que nos saluda y nos acoge en este país inmenso, lleno de ambiciones, de rincones donde ir y explorar y conocer y fotografiar y relatar y evocar, con toda una lengua, una cultura y unos estudios por conocer y desarrollar, con toda una vida para pasear mientras el Sol cae por el horizonte y ver cómo una pareja de jóvenes te adelanta y recordar cuándo eras tan joven, tan ágil e ibais los dos tan ágiles y frescos como esos dos pequeños pajarillos que están en la fleur de l'âge. Et voilà, los días dirán, el tiempo hablará de si me deja escribir más cortos sobre esta chica que ando mirando hace un rato y escribo sin mirar el teclado...
sábado, 3 de septiembre de 2011
Le flauve la Garonne
sábado, 14 de mayo de 2011
París
Me recuerda a aquella Medianoche que pasamos en París, en esa ciudad romántica que tuvimos en nuestros ojos, como un ojo que todo lo ve, un ojo que nos ha visto allí.
Todo pasaba como diapositivas de una vida envidiable. Un pueblo que canta con un acento dulce, entendible, pero un pueblo al que le encantan las sombras, donde aparecen miradas, sonrisas, misterios y fiestas de la nada. Ese bello y veraz ambiente, que te acorrala, que no te deja escapar y nadie sabe cómo salir de él, en la época en que vivas, da igual. Una loca refinada sensación de estar en la cima del mundo, donde las horas se pasan en pocos minutos y donde la luz no hace más que esconder grandes ilustres de todas las épocas.
Una ciudad que ha vivido tanto, que una vez te zambulles en ella, quizá notes que los escaparates, los bares, las escaleras, los árboles, el Montmartre, le Moulin... des cabarets, te acogen con un suave aroma a chocolate, a crêpe, a "falling in love" como un bello pianista cantaba con ojos brillantinos mientras sus dedos deslizaban sobre aquel fino marfil, ébano y unas delicadas trazas de pan de oro. Quién sabe a quién se lo cantaba pero sí es cierto que la velada fue deliciosa, para repetir sin duda. Volveré, como aquel que nunca se quiso ir...
/pagui/, ese acento fonético francés, peculiar, sonoro, con muchO carisma, Oh!! tantos ilustres, me hipnotizó...
...cogido de tu mano, volveremos. Sí.
That's all =)
martes, 12 de abril de 2011
Suscribirse a:
Entradas (Atom)