martes, 16 de febrero de 2010

De cómo encontrar el punto G y hacer ejercicio a la vez




En una tarde nublada, en la que caen unas gotas de lluvia, refinadas, silenciosas y frías, un sujeto se dispone a abandonar la universidad, tras un día intenso, con su vehículo de dos ruedas -no sé ahora mismo si se le puede llamar vehículo- impulsado por uno mismo. El personaje en cuestión va a realizar el trayecto más largo que suele hacer, unos 3 kilómetros de distancia, con una pendiente suave descendente. Todo parece ser bastante favorable hasta el instante en que desengancha la bici del panel, previamente habiendo analizado cualquier desperfecto, coloca el paraguas en las varillas de carga traseras y se sienta.

Los sucesos transcurren en un intervalo de 20 a 25 minutos, en los que el sujeto comienza a notar cómo la parte delantera del sillín (¡ojo!) se eleva, de cómo su trasero va descendiendo de altura, y de repente parece encontrar su punto G. Terriblemente anonadado, bajando por la pendiente, decide colocar bien el sillín, a la vez que conduce como puede el vehículo. Viendo que la avería es reiterada, y que la sujeción de tuercas no es su fuerte en la compañía, decide, definitivamente, abandonar la bicicleta en el próximo panel de las mismas. Pero, como buen hombre, es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, promete que no hará mucho esfuerzo normal (perpendicular) al suelo y seguirá unos 700 metros más abajo, donde allí sí que la dejará. De manera sistemática se le deben haber irritado los bajos por el roce con el sillín "especialmente" colocado, porque anda describiendo un movimiento zigzagueante. Con todo el asunto, deja la bici en el panel que está al lado de un centro comercial de talante inglés - por no hacer publicidad al Corte Inglés- y espera los cinco minutos de rigor para coger una bici de nuevo, ahora sí, una bici en condiciones! 


Visto que tiene cinco largos minutos para encontrar sus calzones de entre... en fin... lee un cartel en los que anuncian obras de teatro en el Principal. Así pues elegirá con tranquilidad una bici nueva, comprobará los frenos, los pedales, la presión de la rueda trasera (que es la única que está en el suelo) y se irá a la máquina para elegir exactamente la bicicleta número 10. Y bien, decidido, pasa la tarjeta por el visor, mete el código y la elige. Con todo esto, no hace falta contar que a las horas de ese momento se iniciaba ya la clase de música a la que iba a asistir, pero con calma, que ya no puede salir nada peor! ¿Que no?

Regla nº 1: Comprobar que una rueda esté correcta no exime de que la otra esté pinchad..MEC Error!!
En efecto, pinchazo en rueda delantera, próxima parada er... apáñeselas como pueda para llegar a clase 10 minutos de retraso como poco :)

Para colmo y como desenlace, el personaje ya con niveles de sudor elevados, llega al panel del conservatorio, la deja y se larga a toda prisa. Si leen las primeras líneas, ¿dónde colocó el paraguas?


Para todo lo demás, BICICAS!

Un viaje genial. Todavía, ya en la distancia se está riendo, de lo cómico que ha sido.



Ya, seriamente, parece que la popularidad que está cogiendo este sistema, está perjudicando, a la vez, a la seguridad del mismo, ya que las incidencias no son registradas, no se arreglan al completo y todo comienza a convertirse en la pescadilla que se muerde la cola.


Un saludo!!

9 comentarios:

Natalia dijo...

:)

Por favor, no me puedo parar de reír, has hecho muy bien colocándolo en la sección de "Humor". Lo que yo te diga, muy verdes, muy cómodas, muy rápidas, pero son la peste de la ciudad, lo que va a llevarnos al desastre, va a destruir a nuestras familias y a aniquilar a nuestros animales...

Ya no es seguro confiarles tu vida a esos aparatejos, que las cadenas las carga el demonio.

Por cierto, estoy encantada de saber qué puedo regalarte por tu cumple, muy útil que lo dejaras olvidado en la Primera Bici, alias la desvirgadora.

Una aventura apasionante, sí señor.
Un abrazo ^^

Mirna dijo...

Ay, que me muero... jajajajajaja... Por algo no cojo yo las bicis rojas (bizis de zaragoza, viva la z), bueno en realidad probablemente moriría arrollada por algún bus.

Menchu dijo...

Saludos compañero usuario de Bicicas!

Anónimo dijo...

Eres lo mejor de lo mejorcito, te quiero.

Natalia dijo...

JAJAJAJAJJAJA

QUÉ BUENA :)

Tengo un vídeo pendiente...

K.G. dijo...

Mi empatía se ha disparado al ver lo del sillín. 15 km tuve que recorrer yo, con el sillín semiperpendicular al suelo.

Todos nos reimos de las cosas pequeñas que dan por culo (literalmente)

Marc dijo...

Vaya, Carlos. No puedo decir que siga tu Blog con entusiasmo, ni que (independientemente de las entradas que tengas, que no deben ser pocas) haya leído muchas de tus historias, pero si que puedo decirte que las pocas veces que he entrado por curiosidad a ver que tal va esto, tus historietas han conseguido engancharme mas que muchos libros que haya leído.

Buen trabajo amigo, espero que sigas así.

Un saludo.

Natalia dijo...

ESCRIBE ESCRIBE ESCRIBE ESCRIBE ESCRIBE ESCRIBE ESCRIBE ESCRIBE
ESCRIBEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE

Michelle Durán dijo...

¿ por qué será que las gotas
de lluvia siempre dan esa sensación de refinamiento ?
de que son muy elegantes, femeninas,
intocables, heladas, divinas.
¿ por que será ?